Patrimonio de Castilla-La Mancha

Un recorrido completo por la Comunidad de Castilla-La Mancha, supone apreciar en conjunto su patrimonio histórico y natural. Castilla La Mancha cuenta con testimonios históricos únicos y una red de museos y yacimientos arqueológicos visitables. Te invitamos a explorarlos a través de este enlace y a que conozcas más a fondo su geología y paleontología.

Patrimonio Paleontológico y Geológico de Castilla-La Mancha

Gomphotherium angustidensLa Comunidad de Castilla-La Mancha está asentada en un territorio geológicamente diverso. Cuenta con afloramientos precámbricos de más de 600 millones de años, hasta cuaternarios, formados apenas hace unos millones de años. Igualmente tiene cordones montañosos agrestes y suaves llanuras de enorme extensión, cuyas litologías abarcan de antiquísimas rocas plutónicas y metamórficas que han sufrido intensas transformaciones, o bien sedimentos recientes que apenas han sido enterrados o rocas volcánicas producto del último episodio de este tipo ocurrido en la península hace escasos millones de años.

Las unidades geológicas de gran magnitud que se encuentran en Castilla-La Mancha son: el Macizo Ibérico o Hespérico, la Cordillera Ibérica y su enlace con el Prebético, algunas cuencas terciarias formadas tras la orogenia Alpina y varios depósitos cuaternarios recientes.

El Macizo Ibérico

Amphicyon
Si se desea recorrer Castilla-La Mancha siguiendo el hilo temporal de su historia, habrá que comenzar por explorar los afloramientos del Macizo Ibérico, que se formó a raíz del levantamiento de las rocas que previamente se habían formado en las cuencas sedimentarias paleozoicas, durante la orogenia Hercínica o Varisca.

Del Macizo aflora en Castilla-La Mancha una parte de lo que se conoce como la zona Centroibérica. Se extiende por gran parte de la provincia de Ciudad Real, en la que ocupa sus sectores occidental y meridional, y también por el sector suroccidental de la provincia de Toledo, a lo largo de los montes homónimos. También se pueden encontrar rocas de esta edad en la provincia de Guadalajara, en su extremo septentrional, donde la Cordillera Ibérica se encuentra con el Sistema Central (en la Sierra de Ayllón y su entorno), así como en Sierra Menera y en algunos puntos de la provincia de Cuenca, donde las rocas paleozoicas forman el substrato sobre el que se apoyan los sedimentos mesozoicos de la Cordillera Ibérica.

Aunque las rocas que corresponden al Precámbrico, al Cámbrico y al Ordovícico constituyen la mayor parte del área paleozoica, el Silúrico, el Devónico y el Carbonífero también se encuentran presentes. Se trata de rocas metamórficas y en gran parte de rocas sedimentarias que han sufrido un metamorfismo ligero, Las cuarcitas y las pizarras son las litologías dominantes, aunque también se pueden encontrar areniscas, conglomerados y algunas calizas. Todas ellas se formaron en plataformas someras y áreas oceánicas más profundas de un antiguo mar interior.

Mención aparte merecen las rocas plutónicas asociadas a la orogenia Hercínica. Se trata de granitoides que intruyeron en la base del orógeno, o cadena montañosa, hacia el final de su levantamiento durante el Carbonífero, y que hoy afloran en una amplia región al sur de la ciudad de Toledo y en el noroeste de la provincia, en la Sierra de San Vicente, contigua a la conocida sierra abulense de Gredos, ambas parte del Sistema Central.

En la provincia de Toledo se han encontrado los fósiles más antiguos de la Península Ibérica (de edad Alcudiense, un periodo situado en la transición entre el Precámbrico y el Cámbrico), que corresponden a las marcas dejadas por organismos vermiformes (con forma de gusanos) que reptaban sobre la superficie del sedimento, así como de restos de agregados celulares (bacterias o células eucariotas). Se trata de un registro único y de gran valor que se puede admirar en el Museo Geominero en Madrid.

Las faunas marinas de trilobites, tan características del Cámbrico y del Ordovícico, y los ubicuos graptolitos conservados en las pizarras silúricas se presentan con abundancia y variedad en todo el territorio hespérico (es decir, del Macizo Ibérico) y se encuentran magníficamente recogidos tanto en el Museo Geominero de Madrid como en el Museo Provincial de Ciudad Real, donde la historia paleozoica de Castilla-La Mancha se encuentra documentada con gran detalle.

Por su parte, en el Museo de San Gil, uno de los varios curiosos museos con que cuenta la localidad de Atienza (Guadalajara), se puede acceder a los fósiles característicos del Devónico, mientras que las cálidas marismas pantanosas costeras y bosques que caracterizaron el Carbonífero que aflora en Puertollano (Ciudad Real) han sido reproducidas tanto en su Museo Municipal como en el Museo Provincial de Ciudad Real. En este último podemos conocer cómo fue la erupción volcánica que acabó con las marismas hace 300 millones de años, y también cuál era la fauna de peces y anfibios que las habitaban.

La Cordillera Ibérica

Terminada la orogenia Hercínica y con las rocas del Macizo Ibérico formando el área emergida de la Placa Ibérica, comenzó el denominado ciclo alpino. Así, desde el Pérmico y hasta el final del Cretácico se produjeron en los márgenes de la placa ciclos de sedimentación, cuyas rocas llegarían a formar cordones montañosos como consecuencia de la orogenia Alpina, durante el Terciario.

Más de dos tercios de la provincia de Guadalajara, la mitad oriental de la provincia de Cuenca y la parte central de la provincia de Albacete forman parte del recorrido de la Cordillera Ibérica en Castilla-La Mancha, concretamente la casi totalidad de su Rama Castellana y el Dominio de Albacete completo. Entre tanto, en el extremo sur de la provincia de Albacete se produce el enlace de la Cordillera Ibérica con el Dominio Prebético de la Cordillera Bética.

Aunque el Triásico aflora con cierta extensión en el Dominio de Albacete al sur de la región de La Mancha, en las provincias de Ciudad Real y Albacete, es en la Rama Castellana, tanto al norte de la provincia de Guadalajara como en la Serranía de Cuenca, donde aflora con mayor espectacularidad.

En la Sierra de Ayllón y en el entorno de las localidades de Sigüenza, Molina de Aragón, Atienza y Rillo de Gallo (en Guadalajara), así como en el entorno de Landete, Cañete y Boniches (en la Serranía baja de Cuenca), se pueden admirar las características rocas de color rojo intenso que se formaron en los grandes sistemas fluviales con los que comenzó la sedimentación permo-triásica, al mismo tiempo que tenía lugar un vulcanismo activo del que también se pueden ver vestigios en la zona de Atienza. Las erupciones volcánicas produjeron sobre los bosques que poblaban la región un fenómeno similar al que el Vesubio provocó en tiempos del Imperio Romano sobre Pompeya, de manera que grandes fragmentos de estos bosques han llegado hasta nosotros petrificados. Algunos de estos restos fósiles vegetales es posible admirarlos en el Museo del Jardín Botánico de Córdoba.

Hacia la mitad del Triásico, el mar del Tethys experimentó una fuerte subida e invadió todas las zonas en las que hasta entonces el ambiente había sido continental, así que se desarrollaron extensas plataformas carbonatadas cálidas. En estas plataformas se produjeron grandes cantidades de calizas y dolomías caracterizadas por sus asociaciones de bivalvos, aunque también se han hallado restos muy fragmentarios de reptiles marinos (notosaurios y placodontos) que habitaron este antiguo mar.

El final del Triásico se caracterizó por la retirada del mar y por una aridificación del clima, lo que produjo la sedimentación de grandes masas de arcillas rojas y sales, sobre todo yesos, en zonas de ambientes costeros. Los afloramientos de estos sedimentos son muy llamativos por su aspecto multicolor, y en algunos lugares las sales han sido explotadas con propósitos comerciales. En estos depósitos se encuentran también los popularísimos aragonitos, ese mineral que tradicionalmente han buscado los aficionados a la geología en algunas localidades del norte de Guadalajara.

La sucesión de rocas permo-triásicas es muy parecida en todas las cordilleras de la Península Ibérica formadas por materiales mesozoicos y corresponden a los primeros episodios de sedimentación del ciclo alpino, que se producen tras la ruptura de la Pangea, o supercontinente, que se había formado al final del Paleozoico.

El Jurásico, extensamente representado en las provincias de Guadalajara, Cuenca y Albacete, está en su totalidad formado por rocas carbonáticas, calizas, margas y dolomías, todas ellas de origen marino, formadas en litorales y plataformas carbonatadas cálidas muy someras, extensas y suavemente inclinadas. Los organismos marinos que poblaron estas plataformas, así como las del Cretácico Superior (igualmente representado por carbonatos marinos someros), han sido estudiados desde antiguo, pues en ellas abundan los fósiles. Así, el Padre Torrubia publicó ya en 1754 un tratado sobre los fósiles de ammonites, braquiópodos y bivalvos de la provincia de Guadalajara, y sus trabajos en el Señorío de Molina de Aragón nos los recuerda una estatua erigida en su honor en esta localidad.

El gran número de fósiles ha permitido que se conozca con gran detalle cómo se fueron sucediendo las distintas faunas marinas a lo largo de casi 100 millones de años en esta región del Tethys. Sin embargo, son pocos los museos que han expuesto los fósiles y la relevancia de estos hallazgos, aunque se pueden ver algunas de las especies únicas de estos organismos en el Museo Paleontológico de Molina de Aragón el Museo de San Bartolomé, en Atienza (ambos en Guadalajara).

Un sitio especial por su singularidad geológica y por su contenido paleontológico merece el Cretácico Inferior que aflora tanto en Guadalajara como en Cuenca y Albacete, aunque probablemente sea en la Serranía de Cuenca donde se encuentra más extensamente representado. Durante gran parte del Cretácico Inferior, grandes extensiones de lo que hoy es la Cordillera Ibérica quedaron fuera del alcance de la influencia del mar y se desarrollaron extensas zonas muy planas en las que la sedimentación tuvo lugar en lagos, llanuras aluviales con pequeños canales y zonas pantanosas en un ambiente de clima subtropical cálido. Se formaron entonces capas de calizas, conglomerados, areniscas y arcillas, algunas de las cuales son muy fosilíferas y contienen desde restos de plantas hasta dinosaurios. Así, en la Serranía de Cuenca se encuentra el yacimiento de Las Hoyas, que ha resultado uno de los más ricos, diversos y con mejor conservación de los fósiles de esta época en todo el mundo. Plantas, crustáceos, insectos, peces, anfibios, cocodrilos, dinosaurios y aves forman parte del registro de este yacimiento, algunos de cuyos ejemplares pueden verse en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, en Cuenca.

Después de la formación de estas rocas lacustres y antes de que el mar invadiera la región durante todo el Cretácico Superior, tuvo lugar la sedimentación de unos materiales formados por arenas de color blanco que se pueden reconocer en toda la Cordillera Ibérica, pero también en el Pirineo o en la región vasco-cantábrica, y que resultan muy llamativos tanto por su gran espesor como por lo reiterado de su aparición, que no pasa inadvertida al curioso de la geología. Estas arenas se formaron en ambientes continentales muy próximos a la costa, en ambientes litorales y marinos muy someros, y son especiales por diversas razones. En algunos lugares han sido explotadas porque contienen caolín, un mineral de la arcilla de uso industrial, o carbón, como en las cuencas mineras del sur de Teruel o en algunos puntos de la Serranía de Cuenca, mientras que en otros lugares como en la región vasco-cantábrica contienen yacimientos de ámbar que encierra insectos fósiles.

Cuencas terciarias formadas tras la orogenia Alpina

Esqueleto de ProtaceratheriumTras la retirada del Tethys, al final del Cretácico, y el levantamiento de las cadenas Alpinas, se desarrollaron las extensas cuencas terciarias que ocupan gran parte del territorio de la Península Ibérica.

De estas cuencas o zonas de acumulación de sedimentos originadas y rellenas durante el terciario, las más importantes por su extensión corresponden actualmente de una forma aproximada a las cuencas de los grandes ríos de la Península, y algunas llevan sus nombres. Son las cuencas del Duero, del Ebro, de Madrid (anteriormente llamada del Tajo) y del Guadalquivir. Los paisajes característicos de estas cuencas terciarias son inconfundibles: grandes extensiones cortadas por los cauces fluviales actuales, que dejan a la vista paquetes de rocas estratificadas dispuestas en capas horizontales de colores anaranjados, grisáceos y blancos.
Modelo anatómico de Protaceratherium

La Cuenca del Tajo, a la que se denomina de forma preferente Cuenca de Madrid, y su prolongación en la Cuenca de Loranca, de la que está separada por la Sierra de Altomira (Cordillera Ibérica), es una depresión de enorme extensión que se extiende por gran parte de la Comunidad de Madrid, aunque la mayor parte de su área de afloramiento abarca las zonas central y suroccidental de la provincia de Guadalajara, la mitad occidental de la provincia de Cuenca y gran parte de la provincia de Toledo. A pesar de que en los bordes de la cuenca de Madrid se reconocen materiales de edad paleógena, su relleno es sobre todo neógeno, en su mayor parte Mioceno; ahora bien, el Paleoceno, el Eoceno y el Oligoceno están muy desarrollados en la cuenca de Loranca.

El relleno de la Cuenca del Tajo está formado por sedimentos de origen continental depositados en ambientes de abanicos aluviales, sistemas fluviales y lagos de aguas salinas o carbonatadas, y reúne un amplio espectro litológico que abarca desde sales y calizas a conglomerados, areniscas y arcillas. Algunos de los niveles de rocas que rellenan esta cuenca son hoy elementos muy característicos del paisaje. Quien haya recorrido la zona que se extiende al este de la ciudad de Guadalajara hacia Brihuega o Pastrana por ambas márgenes del río Tajuña, habrá observado que se encuentra sobre una superficie de gran extensión completamente plana y sólo disectada por algunos cauces fluviales. Esta zona, que se conoce como El Páramo, se corresponde con un nivel de calizas que se formó al final del Mioceno en una extensa área encharcada lacustre, con cuya sedimentación terminó el relleno de la cuenca.

El terciario de Castilla-La Mancha tiene una gran riqueza fosilífera especialmente en mamíferos de edad oligocena y miocena, siendo los más importantes los de la Cuenca de Loranca. Algunas reconstrucciones de mamíferos ya extintos hallados en estos yacimientos están expuestas en el Museo de la Ciencia de Castilla-La Mancha, en Cuenca, y en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. En este último museo y en el Museo Provincial de Ciudad Real se exponen también los restos de yacimientos miocenos y pliocenos de la Cuenca de Madrid, como los de Córcoles (Guadalajara), Yuncos (Toledo) y La Higueruela (Ciudad Real).

Reconstrucción de ProtaceratheriumAdemás de la Cuenca de Madrid y la de Loranca, existen en Castilla-La Mancha otras cuencas terciarias no conectadas con las anteriores y rellenas de sedimentos mio-pliocenos continentales, tanto fluviales como lacustres salinos y lacustres carbonáticos, similares a los que se acaban de describir para estas cuencas. Se trata de las cuencas del Júcar y el Cabriel (que en su mayor parte se encuentran en la provincia de Valencia) y de las depresiones de la llanura manchega que se reparten entre las provincias de Cuenca, Albacete y Ciudad Real, en las que sobre los depósitos mio-pliocenos se desarrollan gran cantidad de depósitos pleistocenos (Cuaternario) producidos después de que las redes fluviales se encajaran llegando a presentar aproximadamente la disposición que ahora mismo conocemos. Estos depósitos pleistocenos están ligados a la actividad del sistema fluvial, tratándose en su mayor parte de terrazas fluviales y aparecen ligados a todos los cauces importantes. Así las terrazas del río Tajo han proporcionado restos de las faunas que poblaron la meseta durante esta etapa del Cuaternario, caballos, elefantes e hipopótamos, entre otros. Restos de estos animales han aparecido ligados también a los depósitos acumulados durante el Cuaternario en las cuevas formadas sobre los carbonatos mesozoicos en Guadalajara, donde han aparecido restos de las últimas panteras que habitaron la península. El Museo Geominero de Madrid ofrece al visitante algunas vitrinas dedicadas a estos fósiles, descubiertos en los rellenos de cuevas kársticas.

No podemos despedirnos de Castilla-La Mancha sin mencionar un enclave geológico muy singular como es la región de los Campos de Calatrava en la provincia de Ciudad Real en la que se encuentran los vestigios del vulcanismo más reciente ocurrido en la Península durante el plio-pleistoceno.

Para saber más

Varios Autores. 1999. La Huella del pasado fósiles de Castilla-La Mancha. En : Aguirre, E. y Rábano, I. (coord.) Patrimonio Histórico. Arqueología Castilla-La Mancha. Junta de Comunidades de Castilla- La Mancha.

Delgado Buscalioni, A. 2005. Rutas por museos y colecciones de Paleontología. Guias Museos de Paleontología. IGME, Madrid.

Varios autores. 2003. Patrimonio Geológico de Castilla-La Mancha. Nuche del Rivero, R. (Ed.): Enresa.

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