Las aves de Las Hoyas

fósil de Iberomesornis

Ningún grupo biológico ha recibido tanta atención como las aves, quizá equivalente al origen del hombre, el origen de las aves es sin duda algo que ha fascinado a los naturalistas desde el comienzo de la ciencia. Lo mas sorprendente de su origen es su relación con los dinosaurios, una hipótesis que comenzó a manager Huxley hacia mediados del siglo XIX incluyendo a ambos grupos dentro de un grupo mayor que denominó Sauropsida. Esta hipótesis fue cobrando sentido con los descubrimientos de nuevos restos de aves mesozoicas entre los que destacan sin duda los del yacimiento de Las Hoyas.

El registro de aves es relativamente escaso, se conocen al menos 3 ejemplares prácticamente completos, aunque el yacimiento ha proporcionado también restos aislados y plumas. Las aves del yacimiento de Las Hoyas Iberomesornis, Concornis y Eoalulavis se han conservado sin cráneo, conocemos con mucho detalle el resto de su anatomía, pero sus cráneos no se han conservado. Esta condición no es extraña en la conservación de las aves fósiles, un gran número de restos carecen de cráneos. Ello es debido a factores tafonómicos que creemos vinculados con las primeras fases de descomposición de sus cadáveres previo al enterramiento. Durante la fase de descomposición caracterizada por la acumulación de gases, se pueden producir alteraciones afectan a la integridad del esqueleto de estos delicados organismos. La acumulación de gases en el epitelio provoca la explosión y desarticulación de las partes más delicadas como es el cráneo (compuesto de finos huesos).

fósil de Eoalulavis

El descubrimiento de Iberomesornis fue esencial para comprobar que en el origen temprano de las aves la organización morfológica de estas conservaba rasgos comunes con los dinosaurios terópodos. Este ave demuestra que el esqueleto apendicular y caudal es aún muy semejante al de los dinosaurios velociraptores. Los otros dos géneros de aves Concornis y Eoalulavis pertenecen a un grupo conocido como enantiornitas, grupo que se extingue al final del Cretácico. Eoalulavis fue un descubrimiento relevante, pues se confirmaba por primera vez en el registro fósil, cuando apareció el álula y las plumas remeras primarias y secundarias en el ala. La aparición del álula (un penacho de plumas asociadas al dedo pulgar de la mano) indicaba que estas aves tuvieron capacidades especiales de frenado durante el vuelo, aumentado así sus habilidades de maniobrar y de control durante el aterrizaje.

Estas pequeñas aves debieron tener hábitos limícolas y recorrerían los márgenes de las charcas y lagos que formarían el humedal de Las Hoyas, en busca de pequeñas presas que constituirían su alimento.